domingo, 12 de enero de 2014

Aquellos que entreis aquí

Hoy es mi tercer día en Bulgaria, el país al que me he visto obligado a exiliarme.

El día de mi partida acababa de dejar mi maletón de emigrante en el checkin de barajas y me dirigía a los arcos de metales cuando un extraño hombre se dirigió a mí.

Era alto, con pelo cano, vestido con jersey azul y pantalón oscuro. Lo más llamativo de su apariencia era que le faltaban varias piezas dentales. Probablemente aparentaba más años de los que tenía

Primero se dirigió a mí en Bùlgaro y al ver que no le entendía cambio a un castellano casi perfecto.

-¿Vas a Varna o a Sofía?

-A Sofía-le dije -es la primera vez que voy

-Ten cuidado amigo. Hay mucha gente mala en mí pais. Mucha buena gente también pero mucha gente mala 

Le dije que lo sabía, que me lo habían dicho ya, pensando en los renombrados carteristas de Sofía. Y esperando que no se refieriera a nada  más que a eso.

-En serio, ten cuidado amigo

Y nos dinos la mano. Le di algo parecido a las gracias en  medio de mi estupefacción. Por un momento temí que fuese algún truco para distraerme y robarme, pero nada de eso. Comprobé los bolsillos tras alejarme de él, aliviado

¿Por qué un hombre se pone a advertir a los extranjeros sobre su país, sobre todo cuando este hace tiempo que pertenece a la Unión Europea? No pude evitar pensar en ciertos personajes de novela, como el loco que advierte a Ismael antes de subir a bordo del Pequod en Moby Dick

Aquellos que entreis aquí, abandonad toda esperanza


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